Alemania: cómo informar sobre la energía y las sanciones a Rusia

Merkel y Putin en Moscú en 2002. Foto: Kremlin.ru, CC BY 3.0

Alguien tendría que hacer el esfuerzo de subtitular, tan solo un par de debates de las televisiones alemanas o escandinavas, para que la ciudadanía de a pie pudiese constatar la diferencia informativa que hay entre esos debates y las tertulias guiadas por marionetas en las cadenas de televisión en España.

Por Pilar Larrañaga

Hay políticos y periodistas para todos los gustos, pero se agradece el nivel de conocimiento y preparación de los periodistas nórdicos cuando moderan un debate sobre un tema de fondo, pero sin preguntas pactadas además de la formación académica de los políticos y su decoro. De ahí la cantidad de informaciones y datos que fluyen en un encuentro de este tipo. Habría que buscar mucho en el arco parlamentario español para encontrar tal nivel de conocimientos y altura de miras que pudieran ser comparables tanto en políticos como en periodistas. Y es que el nivel de exigencia al que someten los periodistas a sus servidores públicos es muy alto en Escandinavia y Alemania, por poner solo dos ejemplos.

En el oficio del periodismo hay periodistas pura sangre en España, pero no son los que se ponen frente a los grandes altavoces porque las grandes televisiones son propiedad de empresarios omnipotentes que solo contratan a sicarios de la pluma sumisos y obedientes. La línea editorial es un grillete en los dedos. Un pura-sangre se rebelaría contra su amo en algún momento determinado porque se lo exige su código deontológico. Y eso sí que no puede ser.

Recuperar el periodismo

El periodismo nació para informar, debería ser uno de los objetivos prioritarios de las democracias para preservar su propia supervivencia. Voy a exponer esta cuestión con dos ejemplos de mesas redondas en Bild-TV del 7 de julio de 2022 y el programa de Marcus Lanz. El periódico Bild es un periódico de la prensa amarilla que tiene ahora una televisión vía internet. ¿Y por qué les quiero yo contar esto? Porque se supone que la calidad de esta televisión no puede competir con otras televisiones por ser muy baja.

Video 1 Viertel Nach Acht

En julio de 2022 (vídeo 1) se sentaron a una mesa bajo la moderación de Nena Schink cuatro personas. Wagenknecht (jefa del partido die Linke), Gloria von Thurn und Taxis, Gaby Hauptmann y Béla Anda. Wagenknecht, de padre iraní desaparecido con motivo de un viaje en Irán a principios de los 70 del siglo pasado, estudió filosofía y se doctoró en economía política. Béla Anda fue portavoz del gobierno entre 2002-05, Gloria von Thurn und Taxis se hace llamar Fürstin o princesa a pesar de que los privilegios de la nobleza desaparecieron en 1919 cuando entró en vigor la constitución de la república de Weimar. Los títulos pueden ostentarlos como parte del nombre en Alemania. Gaby Hauptmann y Nena Schink son periodistas y autoras.

Sarah Wagenknecht es pareja de Oskar Lafontaine y una brillante oradora del partido de izquierdas die Linke y la princesa es una señora muy mediática, ultracatólica, poco leída y tristemente famosa por numerosos patinazos verbales que no vienen a cuento. Ambas mujeres están en las antípodas ideológicas, pero eso no quita para que puedan conversar en un marco donde reine la educación y los buenos modales.

Y eso ocurre porque hablan de un tema y se desvían poco de él. Y si se descarrían, ya les vuelve al redil la moderadora. En ese debate de una televisión surgida de un periódico sensacionalista hay miga. Si ve el debate atentamente, se encontrará usted con la sorpresa de que los participantes en la mesa redonda le ofrecen una gran cantidad de datos, observaciones y análisis de la situación de la guerra de Ucrania que, en esta forma, ninguna televisión española estaría dispuesta a emitir. O tal vez, sí, pero escasean los políticos con conocimientos profundos capaces de desplegar datos e informaciones en una entrevista libre sin preguntas pactadas.

Veamos, pues, qué argumentos se debaten en estos 20 minutos de entrevista sobre las sanciones a Rusia después de la invasión de Ucrania. El alegato de Wagenknecht es que el paquete de sanciones a Rusia no ha surtido el efecto deseado y lejos de castigar al régimen de Putin por medio del estrangulamiento económico ha fortalecido su economía porque vende gas y petróleo ruso a precio de mercado.

El precio de esas materias primas ha aumentado de forma considerable por la guerra de Ucrania por lo que Rusia ha incrementado sus ingresos de una forma que no se conocía hasta ahora. Añade que esas sanciones lejos de arruinar a Rusia arruinan a la UE porque la UE se ve obligada comprar materias primas a unos precios totalmente inflados para poder mantener en marcha su industria. Pronostica que muchos ciudadanos serán incapaces de hacer frente a las facturas de gas y luz en invierno y que la industria alemana sufriría una debacle sin precedentes en caso de que la guerra se prolongase.

Cinco millones de puestos de trabajo en peligro

Afirma que hay cinco millones de puestos de trabajo en peligro como en tiempos de la república de Weimar (1918-1933) y que es su deber como política ofrecer soluciones para que la pobreza no vaya en aumento. Dice que el aumento de precios puede pagarlo un parlamentario y añade “¿quién más puede hacerlo?”. Ahí entran en el debate Gaby Hauptmann y Gloria von Thurn und Taxis. La primera plantea la pregunta ¿por qué queremos arruinar a Rusia? E insinúa acto seguido que lo que Europa quiere es ayudar a los ucranianos y que esa ayuda al prójimo es parte de nuestro legado cristiano mirando a Thurn und Taxis.

Lejos de convencerla, contraataca. Von Thurn und Taxis y le da la razón a Wagenknecht porque la política debe ofrecer soluciones globales para toda la ciudadanía y no restringirse a una ayuda en forma de limosna. Thurn und Taxis dice algo muy significativo citando a Klaus von Donhanyi que la guerra siempre tiene lugar en el país agredido que termina siendo destruido.

El agresor no sufre prácticamente daños

Thurn und Taxis no puede competir ni con datos ni en retórica con Wagenknecht, pero el intercambio de palabras aporta datos y no opiniones. Incluso un debate en una televisión privada de baja calidad aporta datos veraces, observaciones fieles a la realidad y reflexiones sensatas en Alemania. Esto no quiere decir que no haya invitados que tengan amo y cuelen un discurso más o menos adornado para despistar a la audiencia o desviar la atención del tema de fondo. La diferencia con España es que son los otros invitados los que le rebaten punto por punto lo que intenta colar para no engañar a la ciudadanía.

Videio 2, programa de Marcus Lanz en julio de 2022

En el programa de Marcus Lanz en julio de 2022 (vídeo 2) participan Alice Bota, periodista, Ranga Yogeshwar, físico, Boris Palmer ex parlamentario y exalcalde de Tübingen y Stuttgart expulsado del partido verde, Roderich Kiesewetter, político de CDU. Tanto Palmer como Kiesewetter manejan numerosos datos que tienen que ver con el consumo de energía en Baden-Württenberg, la producción de energía autóctona, las reservas de gas y otros materiales fósiles etc.

Ninguno de los dos políticos lee datos ni se ciñe a un discurso aprendido

No solo eso, explican el contexto en el que se dan esos datos y las previsiones de consumo y el dilema que existe porque se habían jubilado centrales atómicas a las que ahora se les ha alargado la vida de forma excepcional. El físico explica desde la perspectiva científica el mercado energético. Marcus Lanz entra en el debate de números y arroja el tema del mercado energético del que dice que no es mercado porque está todo regulado.

Los dos políticos aprovechan ese inciso explican la normativa europea en cuanto a precios de electricidad arguyendo que la electricidad se comercia al precio más alto de producción. Es decir, si el coste de la producción de la electricidad en una central de gas es 10 veces mayor que el coste de la producción de energía por medio de gasolina, toda la compra se debe realizar al precio mayor lo que arroja ingentes beneficios a las productoras de energía con pocos costes.

En total, es un debate muy informativo que contiene reflexiones valiosísimas tanto en lo que se refiere a la producción y consumo de combustibles fósiles así como sus precios en el mercado y los cambios legislativos para alargar la vida a las centrales nucleares. Todo ello en un discurso espontáneo y explicado para el ciudadano de forma que le ayude a entender la inflación ya visible en los precios de artículos de primera necesidad. Estas explicaciones tan detalladas ayudan al espectador a no señalar al panadero de la esquina por la subida del precio del pan.

Lamentablemente estos datos no se dan en las televisiones de España

Ahora pregúntese cuántos de estos datos conocía, cuántas observaciones le han parecido plausibles y qué reflexiones le parecen sensatas. Y póngase a pensar si le gustaría que nuestros políticos nos explicasen los grandes datos de la macroeconomía teniendo en mente el impacto que tienen sobre nuestras vidas de forma veraz y comprensible para el no especialista.

Claro, ese esfuerzo de síntesis solo lo puede hacer alguien con muchos conocimientos que es capaz de extrapolar los grandes acontecimientos económicos a la vida cotidiana del ciudadano de a pie. ¿No añora debates así? Lamentablemente, no se dan en las televisiones de España. Para suplir esta carencia, sería una buena idea poner subtítulos a un debate de políticos alemanes, daneses u otra nacionalidad para que los ciudadanos españoles pudiesen ver la diferencia de nivel de conocimientos entre sus representantes y otros.

No solo eso, sería bueno para que los ciudadanos españoles entendiesen los temas que se abordan porque ese tipo de espacios televisivos del ámbito nórdico invita a expertos que conocen el tema y además saben explicarlo a un público que no es experto en la materia.

La gente en Escandinavia o Alemania ve esos programas porque sabe que es ahí donde se le explica al pueblo llano cómo afectará a su vida un cambio legislativo. Si los políticos son cargos electos con el mandato de analizar y resolver problemas y los periodistas estuviesen para informar, no estaría de más que pensasen en la ética. No necesitamos señores encorbatados que nos relatan cuentos antes de meter el voto en la urna y nos olvidan porque sus amos son los que les escriben los programas electorales, sus discursos y hasta redactan las leyes y, por tanto, no están al servicio del pueblo soberano. Trabajar por el bien común es algo que algunos recuerdan que existió en algún tiempo de la historia de España y es por el que todavía se rigen muchos políticos europeos.

En tiempos de Franco, se informaban nuestros padres y abuelos escuchando Radio París. Igual habría que plantearse una Televisión París para poder informarse sobre asuntos que nos afectan a diario y sobre los cuales no podemos informarnos en las mass media disponibles en España.