Aproximación a la inmortalidad personal

Aproximación inmortalidad, relato de Manuel Blanco Chivite

Por Manuel Blanco Chivite

He llegado a una edad en que administrativamente se me considera poco menos que inmortal.

Lo sé, nuestro padre Adán vivió 930 años quizás porque, al fin y al cabo, la manzana no le sentó nada mal; Matusalén aguantó hasta los 969; nuestro segundo padre, Noé, ocupado en repoblar de  nuevo la tierra tras el desastre divino del Diluvio, alcanzó los 950; con esto ya bastante concurrido, Abrahán nos abandonó a los 175. En fin, no estuvo mal todo aquello, incluso hoy en día nos resulta impresionante.

En mi caso y sin ningún mérito especial, ni especial ni de ninguna otra clase puntualizo, tan solo acumulando años a mis espaldas, viendo pasar el tiempo, como dice la canción, he logrado mi casi inmortalidad.

Y no lo digo yo, no es una impresión, ni una aspiración personal, lo dice la Administración del Estado. Cuando no hace mucho fui a renovar mi Documento Nacional de Identidad (DNI), me dieron la sorpresa  y la alegría de que la validez de mi nuevo carné  se extiende hasta el 1 de enero del año 9.999.

Hasta entonces, no debo preocuparme por una nueva renovación, bien que a partir de entonces quedaré indocumentado y deberé acudir a renovarlo so pena de la consiguiente multa. “Ande atento con eso”, me dijeron en la comisaria con admonitorio tono, no exento de cierta severidad que, desde luego, se me antojó un tanto prematura.

¿Dónde quedan Adán, Matusalén y los demás?

El progreso de la humanidad, de nuestra civilización, de  nuestros servicios sanitarios, de nuestra ciencia médica asombrarían al universo, caso de que el universo fuese susceptible de asombrarse. Jamás pude imaginarlo.

De pronto, todo lo que veía a mi alrededor me pareció tremendamente joven, tremendamente vivo y esperanzador. Me vi caminando más erguido, más ágiles mis movimientos, más rotundos mis ademanes y hasta la cajera del super me dijo: “qué buen aspecto tiene hoy, abuelo”. “Si tú supieras”, le contesté y se rió mientras me preguntaba si necesitaba ayuda con el carrito.

Inmerso en mi alegría, tardé casi una semana en reparar en la pequeña mezquindad administrativa / funcionarial de no redondear la fecha de renovación.

¿Qué les hubiera costado, ante tan optimistas previsiones, haberme concedido un año más, hasta el 1 de enero del 10.000? Se me antoja tan cicatero eso del 9.999.