Aproximación a la inmortalidad personal

He llegado a una edad en que administrativamente se me considera poco menos que inmortal.

Lo sé, nuestro padre Adán vivió 930 años quizás porque, al fin y al cabo, la manzana no le sentó nada mal; Matusalén aguantó hasta los 969; nuestro segundo padre, Noé, ocupado en repoblar de  nuevo la tierra tras el desastre divino del Diluvio, alcanzó los 950; con esto ya bastante concurrido, Abrahán nos abandonó a los 175. En fin, no estuvo mal todo aquello, incluso hoy en día nos resulta impresionant