Con absoluta angustia e impotencia. Así espera Sandra la llegada del próximo 6 de octubre. Ese día, esta madre cuya hija menor de 10 años fruto de otra relación fue abusada por su expareja, tendrá que pasar por el calvario de una prueba pericial. Una jueza de Valencia, atendiendo a la demanda del pederasta, ha ordenado una valoración pericial para dictaminar “la pertinencia de decretar un régimen de visitas” de su otro hijo con ella “y la forma de llevarse a cabo”. El violador no solo no se arrepiente de los abusos, sino que cuenta con una orden de alejamiento de su víctima y tiene prohibido trabajar con menores.

Cada vez son más quienes se niegan a aceptar mantras o “buenismos” supuestamente progresistas cuyas consecuencias impactan directamente en la salud. Un ejemplo es el de Sanitarias Feministas, un numeroso grupo de mujeres de diferentes profesiones de la Salud, que han hecho piña contra el Anteproyecto de la Ley Trans.

Su progenitor Mustapha B. cuando tenía 39 años le dejó huérfano en aquella fecha. Asestó ocho navajazos en su coche a Leyre González de 21 años, la abandonó ensangrentada a las puertas del centro de salud de Dúrcal (Granada) y salió huyendo. No se pudo hacer nada por salvarla. Hoy Belinda Justo Sanz, la abuela del pequeño quiere hacer un homenaje a su hija narrando el calvario de sobrevivirla así como el abandono y el maltrato institucional que ha sufrido desde entonces.

La cultura de la violación está a la orden del día. Basta ver la punta del iceberg de cada violación que se denuncia cada cuatro horas y cinco minutos en España o las 211 violaciones grupales registradas desde 2016. Estas cifras no solo las sienten en sus vidas las víctimas de este delito ante la impasividad de las administraciones y de la propia sociedad. Hay un lugar inseguro para las mujeres en el que negocio y terrorismo sexual campan a sus anchas: es el del metaverso.

Cualquier orden de alejamiento debería ser un pasaporte de seguridad para una víctima de violencia machista. Sin embargo, la realidad demuestra que es puro papel mojado ya que depende de la voluntad del terrorista machista de respetarla. Pero no solo. También hay sentencias como las del Juzgado de lo Penal número 2 de Ciudad Real, en las que una jueza exime de tal culpabilidad al maltratador de María Chaparro.

La madrugada del 12 de agosto de 2008 la vida de Soraya dio un vuelco para siempre. “Al Walled Bin Tatal, uno de los árabes más ricos del planeta y amigo del rey Juan Carlos me violó en su yate Turama”. Catorce años después, con la sola ayuda de su familia, esta superviviente acaba de encontrarse con un episodio más del maltrato institucional sufrido desde entonces. Hacienda le ha retirado de su cuenta bancaria 1482,30 euros en concepto de “honorarios” para el funcionario público de un juicio que asegura “nunca se ha producido”.