El islam, ideología política de dominación por mandato divino

En esta serie de artículos, se presenta el islam, una ideología política con un puñado de elementos religiosos como el rezo, que nos invita a pensar que nos encontramos ante una creencia religiosa. Nada más lejano de la realidad.

Por Catalina de Erauso

La parte religiosa del islam es una parte ínfima y se compone de la creencia en Alá y Mohamed, la oración diaria, el ayuno diurno acompañado de los atracones nocturnos en Ramadán, la peregrinación a Meca y Medina -si se puede financiar- y una limosna anual a los pobres que, como veremos, es altamente probable que quede en las lindes de la familia. El resto son leyes del ámbito civil y penal que regulan el día a día de creyentes e infieles además de consignas políticas y proclamas militares.

El islam no es una religión, es una ideología política cuyos dirigentes se valen de la libertad religiosa existente en los países laicos para introducir por la puerta de atrás exigencias políticas hábilmente disfrazadas de credo religioso violando así el principio de igualdad al objeto de conquistar privilegios para sí.

Nótese que la ley sharia es vinculante para los no musulmanes en los estados islámicos. Esta serie de artículos desvela algunos principios de la doctrina mahometana desde el escrutinio riguroso de las fuentes islámicas consultadas. La lectura de las escrituras sagradas islámicas es, pues, altamente recomendable para todos los seres humanos porque ordena, entre otras cosas, pautas de comportamiento de obligado cumplimiento a los creyentes musulmanes también para con los no creyentes en el día a día.

Todos los temas que se abordan en esta serie se hacen desde el filtrado escrupuloso de los textos consultados que son, en primer lugar, el Corán en su traducción al español, inglés, alemán y francés, los hadices o dichos atribuidos a Mohamed, la exégesis o tafsir y los numerosos volúmenes de leyes civiles, penales y comerciales que conforman la sharia o ley islámica.

La sharia es la ley por la que se rigen las teocracias islámicas y la que se podría implementar en cuanto una sociedad llegase a ser mayoritariamente islámica en cualquier parte del mundo.

Nota: Los imames son conocedores de las atrocidades que relatan las fuentes islámicas, todo el discurso de odio que urden y las pautas de comportamiento inhumanas que promueven. Por tanto, cuando vociferan consignas en las mezquitas no hacen sino citar esas fuentes.

Los creyentes musulmanes son sus primeras víctimas al tener que fiarse del relato de sus imames debido a que no se han molestado en leer las fuentes de sabiduría del islam, el Corán y los hadices de los que dimana la ley islámica o sharia. Los creyentes musulmanes cuya lengua materna es el árabe, son conocedores de esos pregones inhumanos por escucharlos en las mezquitas en su versión original.

Ahora bien, la mayoría de los musulmanes como no musulmanes se tienen que fiar de las traducciones disponibles o de la palabra de su imam por desconocer el árabe. Es como cuando la misa tenía lugar en latín y los cristianos no entendían lo que recitaban de memoria. Los curas tenían un inmenso poder. De ahí, la importancia de las fuentes de las que existen traducciones muy fiables. Conocer el contenido de esas fuentes en árabe es la clave para entender ciertos acontecimientos históricos pasados y presentes.

Si esta serie ha despertado su interés, lea las fuentes del islam aunque sea en forma de traducción para formarse su propia opinión.