Ocio, pinchazos y drogas de sumisión química

Test de Drogas, Foto: Ministerio Gob. Ecuador

Desde hace varias semanas oímos en los medios de comunicación “sumisión química”, “pinchazos” en discotecas y pérdida de conocimiento en locales de ocio. En Europa, se contabilizan más de 2.300 pinchazos en los últimos meses. Este no es un tema nuevo, pero ¿qué son? y ¿cómo actúan las llamadas drogas de sumisión química? Este artículo firmado por Gonzalo Lepe, colaborador médico de Crónica Libre, despeja algunas dudas al respecto.

Por Gonzalo Lepe, Neurocirujano

Para empezar, definiremos que es una “droga”. Una droga es un agente externo, a veces natural y otras químicamente diseñado, para tener efectos farmacológicos en un organismo vivo. Y ¿qué quiere decir esta perogrullada?, que las drogas son sustancias que no produce nuestro organismo, que están diseñadas para ejercer efecto allí donde metabólicamente tenga que actuar y que conllevan unos efectos fisiológicos. Para ello, han de ser administradas, ya sea por vía oral, intravenosa, muscular o subcutáneas, principalmente. A veces en forma de pastillas, en otras ocasiones de jarabe y otras inoculadas a través de una jeringuilla. En la medicina utilizamos múltiples drogas a diario, para tratar diferentes síntomas y patologías que nos pueden afligir. Por ejemplo, cuando nos duele la cabeza, o una articulación tomamos un fármaco, o ‘droga‘ para mitigar el dolor que padecemos. 

Con el apellido ‘sumisión’ se entiende que este tipo de sustancias lo que hacen es poder obligarte a hacer cosas que no deseas y en contra de tu voluntad, por lo que este concepto no sería del todo correcto desde el punto de vista sanitario, pues no existen drogas que tengan tal capacidad. Por el contrario, todos los días se utilizan en miles de centros sanitarios del mundo sustancias que sí pueden disminuir o alterar nuestro nivel de consciencia, entendamos por alteración de consciencia como ‘sumisión‘. 

Drogas. Foto Creative Commons

Un claro ejemplo es el uso en quirófanos de sustancias que nos provocan una hipnosis o sedación, como la famosa ketamina (éxtasis químico o droga de caballos) o el propofol. La diferencia radica en el uso que queramos darles, en el caso de un quirófano es inducir efectos anestésicos, a través de la hipnosis y la sedación que, permiten que se pueda realizar una intervención quirúrgica sin que el individuo en cuestión no tenga que pasar por la agonía y penurias del dolor consciente que supone la realización de una operación. Benditas “drogas” con fines médicos. El problema es cuando estas drogas son utilizadas con un fin poco moral y ético, como para cometer agresiones sexuales o robos. Por lo que la importancia estriba en la utilidad que hagamos de estas sustancias. 

Pinchazos y sumisión química

Gonzalo Lepe, Médico Neurocirujano

Pero después de esta breve disertación sobre medicamentos, fármacos y drogas, volvamos a ceñirnos a lo que los medios de comunicación nos cuentan y nombran como pinchazos‘ y ‘sumisión química‘. Cuando se refieren al pinchazo se están refiriendo a la sensación táctil que experimentan las víctimas cuando se les inocula la droga. Sin conocer todos los datos directos de las víctimas, policiales y forenses, podemos suponer que, por el modo en que públicamente se describen los ‘pinchazos‘ estos han de ser realizados a través de una aguja de pequeño calibre, como puede ser una aguja subcutánea, o una lanceta, como los dardos usados en las cerbatanas que utilizan algunas tribus amazónicas para cazar. 

Estos dardos se utilizan para inocular a sus presas una sustancia que se llama el curare y que cuyo efecto es la paralización de los músculos estriados, o voluntarios, como pueden ser los respiratorios. Esto puede hacer que una persona pudiera caerse al suelo al no responderle la musculatura para mantenerse en pie. Esta sustancia bloquea la unión entre el nervio y el músculo, la placa motora, impidiendo que el músculo pueda contraerse. Por cierto, esta droga es también utilizada con fines médicos para provocar la relajación muscular total, necesaria en situaciones a veces de riesgo vital, como por ejemplo cuando un médico necesita tomar el control de la respiración de un paciente a través de una intubación y conectarlo a una máquina respiratoria. 

El problema del curare y sus derivados es que inicialmente no provocan pérdida del nivel de consciencia, excepto cuando la falta de actividad respiratoria hace que el paciente no oxigene el cerebro y pierde la consciencia. Otro dato curioso y poco comentado en los medios de comunicación es la estabilidad química de la sustancia en cuestión, pues se puede transportar fácilmente, incluso que pueda estar precargado en el dispositivo de inoculación y que hace que no necesite de medios de transporte y conservación complejos; como puede ser la necesidad de conservarlo en un estado de refrigeración, como sí ocurre con muchos fármacos. 

Estos datos tienen a la comunidad y organismo sanitarios de nuestro país consternados

Gonzalo Lepe

Además, el corto período que se ha descrito desde la administración y el efecto, hace pensar que sea una sustancia diseñada para hacer un efecto muy rápido en el organismo y que ha de afectar al sistema nervioso directamente. Pues los fármacos o drogas son dosis dependientes para provocar sus efectos y necesitan de una cantidad y tiempo mínimo para que hagan sus efectos.

Todos estos datos tienen a la comunidad y organismo sanitarios de nuestro país consternados, pues la rapidez con la que se producen los efectos, la poca cantidad de inoculación necesaria, los síntomas descritos por las víctimas, hacen que se especule mucho sobre la sustancias que están detrás. Por ello las muestras están siendo analizadas en el Instituto Nacional de Toxicología, sin que actualmente se haya pronunciado al respecto a la posible sustancia y el origen del mismo. 

El riesgo no es sólo la sumisión, es contraer hepatitis B, hepatitis C o VIH si alguna de las víctimas anteriores la padecía. Y entonces, ¿qué podemos hacer ante este tipo de situaciones y que está creando el pánico en la población?. Lo que podemos hacer es prevenir este tipo de actuaciones. Por desgracia una vez que una droga es inoculada en nuestro cuerpo, igual que cualquier otro agente farmacológico, éste va a hacer su efecto allí dónde metabólicamente tenga que actuar. En este caso, al tratarse de la inoculación de drogas mediante un pinchazo, los mejores consejos de autoprotección puede ser que tengamos cuidado en espacios cerrados y evitemos espacios aglomerados, ser prudente con el consumo de alcohol y el consumo de otras drogas, y por último procurar no estar solos y junto a personas de confianza.